Liv Ullman narra su intensa y compleja conexión con Ingmar Bergman. Al finalizar la película, el público se lleva consigo un mayor entendimiento sobre sí mismo y sobre las complicadas dinámicas del amor y las relaciones interpersonales.
Los autores, Mariano Frigerio y Denise Urtaig, han documentado de manera extensa y alegre a los seguidores autodenominados "carroceros", quienes son los verdaderos fanáticos de "Esperando la carroza", dirigida por Alejandro Doria, y que constituyen una gran comunidad.
Esto es lindo: gente que no sabe quién era Fernando Birri, que nunca vio una sola de sus obras, lo ve acá en este documental y se emociona. Tal ha sido su encanto, y tan fuerte es la ternura que transmite su alumna.
Una exposición que presenta altibajos, pero que logra resultar amena. Ofrece una gran cantidad de información y motiva tanto la reflexión como la risa.
Bajezas de unitarios y federales se alternan al comienzo pero después no hay alternancia. Sólo se leen expresiones intolerantes y rastreras de un solo sector nacional.
No se trata de una biografía del misionero Ramón Ayala, sino de un retrato de un artista que continúa recorriendo el país asombrándose por el mundo y la vida.
El guión es sólido y mantiene al espectador atento, aumentando la expectativa. El uso del sonido en ciertas escenas es impresionante, y las actuaciones de los intérpretes son impecables.
Un elenco de primera, encabezado por Valeria Bruni Tedeschi anima “El capital humano”, muy buena adaptación del italiano Paolo Virzi de una novela de Stephen Amidon, que cambia su estructura y le da mejor intriga y suspenso.
Con un elenco talentoso y una sólida trayectoria, esta es su séptima película. Como es habitual, cautivará a sus fanáticos y, en cambio, generará descontento entre la mayoría del público.
Hay momentos singulares que marcan un punto de inflexión en la trama, logrando un impacto eficaz sin necesidad de forzar ideas o imponer mensajes claros.
Otros méritos se relacionan con la habilidad para insertar textos de calidad literaria en diálogos cotidianos e ir mejorando algo de película en película.
La película genera sentimientos encontrados. Además, su duración se siente equivalente a leer todo el libro, a pesar de omitir las partes más cautivadoras.
La trama se extiende y complica tanto que quien no preste atención podría confundirse antes del desenlace, que resulta impactante, aunque algo forzado.