Las buenas noticias son que Allen ha vuelto a sus raíces anecdóticas en el humor. Sin embargo, las obligaciones adquiridas como director estilista son una carga que le pesa. Lamentablemente, no hay nada nuevo ni agudo en su propuesta.
Es lo suficientemente inteligente. Creo que el guion se aprecia mejor en el papel que en la pantalla, aunque Byrne pensó que sería divertido, y eso no se cumple del todo.
Las interacciones entre los personajes son impactantes, especialmente para un género que suele estar debilitado. El enfoque conciso y eficaz de Hill logra recuperar parte de su robustez.