Es tan agradable como este tipo de películas pueden llegar a ser. Tiene una idea interesante -una película de Woody Allen para niños, con un héroe friki con gafas- que no acaba de desarrollarse.
Algunas de las composiciones de Alan Parker son impactantes, pero tienden a ser demasiado similares entre sí, y tras dos horas de visualización, resultan monótonas.
En manos de Bluth, esta película es técnicamente impecable, fusionando la riqueza de la animación clásica de Disney con efectos tecnológicos contemporáneos. Sin embargo, a pesar de su acabado pulido, le falta inspiración.
Cotton Club' cuestiona con valentía las fórmulas de Hollywood: su éxito al lograrlo sin una pizca de aburrimiento o pretenciosidad augura una nueva manera de hacer películas.
Sus placeres pasan de largo por sus tramos aburridos. Disfrutas de sus ingeniosos juegos de palabras, su creativa comedia de sketches y la música influenciada por Broadway y la Motown.
Es una colección de chistes, en su mayoría buenos, envueltos en una historia sin desarrollar, en general aburrida. A pesar de sus frecuentes destellos de inteligencia, es una comedia insatisfactoria que bosteza hasta el final.
Es un regalo para los fans y una oportunidad para que los no iniciados se acerquen a la banda que ha llegado a personificar el rock and roll posmodernista.
Antes de caer en lo trivial y emocional, esta obra de Sidney Lumet sobre el ámbito de los asesores políticos está cargada de una intensa tensión moral.
No es solo deficiente, sino que resulta maravillosamente deficiente y extremadamente pretenciosa. Es emocionalmente perturbadora. Aquellos que disfrutan del 'camp' pasarán un tiempo increíble.