Posee un humor sombrío y un toque de redundancia, resultando en una gran metedura de pata cómica que, posiblemente, no sea tan divertida o relevante como se espera.
Porumboiu presenta una trama compleja y fascinante que, aunque enrevesada, logra mantener el interés del espectador. Se trata de un entretenimiento elegante y meticulosamente elaborado.
Es tan irritante que me dieron ganas de ir a la pantalla y darle a cada uno de estos personajes sensibles un tortazo. Una película artificial en la que nada parece real o humano.
La obra maestra ferozmente sombría de Mike Leigh resulta aún más perturbadora tras 28 años. El desdén y el nihilismo que plantea el filme son verdaderamente virtuosos.