Friedkin y Letts no suavizan sus golpes, y Matthew McConaughey asume el protagonismo de la película interpretando a un sibarita frío y cruel, que encarna la violencia de manera impactante.
La obra maestra ferozmente sombría de Mike Leigh resulta aún más perturbadora tras 28 años. El desdén y el nihilismo que plantea el filme son verdaderamente virtuosos.
Una colección de historias exquisitas, perturbadoras y escalofriantes de Argentina. Szifrón logra algo muy complicado: conseguir que resulte realmente divertida y aterradora al mismo tiempo.
Es tan irritante que me dieron ganas de ir a la pantalla y darle a cada uno de estos personajes sensibles un tortazo. Una película artificial en la que nada parece real o humano.