Un thriller de fantasía poco serio, aunque bastante entretenido, que presenta elementos reminiscentes de la obra maestra de Cameron, el primer Terminator.
Las actuaciones en la película exhiben una notable inteligencia y fuerza, cuidadosamente dirigidas por Kazan, un verdadero maestro tanto en Broadway como en Hollywood.
La película es desconcertante y tiene momentos absurdos y sorprendentes. A pesar de su extrañeza, al enfocarse en la miseria de Maloin, Tarr ha logrado transmitir un mensaje relevante.
Es un viaje nostálgico a los años 80, una época llena de exageraciones y peculiaridades que ahora parecen curiosas. Su estética y estilo evocan una sensación de excentricidad que resulta cautivadora.
La única observación que tengo sobre la película es que me habría gustado conocer más acerca de la importancia de Abbey Road en la historia. Sin embargo, resulta ser un recorrido muy ameno.
Una rareza entre las comedias actuales de Hollywood que ofrece gags ingeniosos. En medio del habitual aluvión de humor infantil en las comedias románticas, esta película se presenta como un respiro refrescante.
Este drama sobre la claustrofobia familiar se presenta de manera excepcional y elegante, generando opiniones divididas. Aunque Dolan tiene obras que no han convencido, en esta ocasión logra un resultado destacado.