La pulcra dirección de Penny Marshall y el encanto desgarbado de Hanks hacen que sea una de las mejores comedias de cambio de cuerpos que salieron de Hollywood a finales de los 80.
La película se desvía un tanto cuando intenta abordar temas serios, pero cada vez que Williams está en el micrófono del estudio, se convierte en una excelente oportunidad para que el actor muestre su talento.
Fue Fonda quien sugirió la adaptación de una comedia feminista para el cine. Sin embargo, lo que realmente destaca son las actuaciones de Tomlin y Parton, que logran dejar una huella memorable en la pantalla.