Tomando apuntes tanto de 'Star Wars' como de 'Juego de Tronos', además de su propia narrativa, 'Cómo entrenar a tu dragón 2' insufla fuego en la secuela de la franquicia.
La película no logra ser lo suficientemente divertida como para clasificarse como comedia, ni resulta lo bastante aterradora para pertenecer al género de horror. Además, los anacronismos son completamente absurdos.
De una forma perversa y en ocasiones inmadura, trata temas maduros como el amor, la amistad, el perdón o la salud mental. Requiere una audiencia madura, o al menos una audiencia.
'The Cove' es como una entrega de James Bond en formato eco-documental. También puede considerarse una película de terror, dado el horror de las carnicerías que retrata. En resumen, es una de las mejores películas del año.
Simplemente la historia no tiene un peso que justifique su duración de 161 minutos. Tiene una hora más de lo que la historia requiere, incluso para una que se extiende durante décadas.
El guion de Besson está impregnado de un notable humor negro. La película presenta un aspecto visual atractivo y un sonido bastante aceptable, a pesar de que desafía la lógica en múltiples ocasiones.
Es imposible negar la impresionante interpretación de Hady, que parcialmente redime a la película. Está tan sumergido en su papel que llega a generar preocupación por su cordura.
Las habilidades narrativas del director Roger Ross Williams brillan en esta cautivadora historia rebosante de emoción que evita caer en la sensiblería.
La película carece de profundidad en detalles biográficos e históricos, lo que obliga al espectador a deducir varias cuestiones. Sin embargo, la expresividad de las actuaciones logra suavizar algunas de las deficiencias narrativas.
Lo que le falta en innovación, lo tiene en desarrollo de personajes y escenas de acción. Más que nada, es una carta de presentación para Matti de cara a Hollywood.
Pitt y Hill logran que Beane y Brand se presenten como la pareja más cautivadora del año, aportando profundos matices de humor y patetismo a sus personajes, lo que eleva a Moneyball más allá de ser una simple película deportiva.