En un thriller cautivador que logra generar tensión, [Eastwood] nos invita a reflexionar sobre el surgimiento de la esperanza en medio de la corrupción. Es increíble.
Lo mejor de todo es la emoción de contemplar a Mann utilizando sus poderes cinematográficos como realizador para abordar la nueva cara de las guerras del siglo XXI.
Se han pasado muchos años para adaptar la obra de Clancy a la pantalla, lo que se refleja en las inconsistencias del filme. Esperamos que en futuras entregas se logre un enfoque más entretenido y menos sombrío.
Los impresionantes decorados y el vestuario asombran, pero es la incomparable música de Sondheim, a pesar de sus interrupciones, la que transforma este bosque en un lugar excepcional.
Guiraudie, al igual que sus personajes, transita en una delicada línea, buscando el instante donde el sexo y la muerte irradian un atractivo comparable. Es imposible desviar la mirada.
Es un thriller impresionante que revela una esencia auténtica. Laura Poitras logra capturar de manera brillante la ambición de un villano que opera desde las sombras.
Floja, lenta, vacía, estúpida, amateur, sin gracia, sin suspense, sin forma y escrita, dirigida e interpretada sin ingenio -los efectos especiales apestan, también-.
Un drama de espionaje fascinante y ligero, que se sitúa en la era del glásnost. Connery aporta su carisma y, junto a Michelle Pfeiffer, logra que la historia brille.
Susanna White, con el talento del guionista Hossein Amini, logra un sorprendente resultado. La película brilla gracias a las destacadas actuaciones de Stellan Skarsgård y Damien Lewis, quienes aportan una gran intensidad a la trama.
La historia se presenta como la más desafiante de las telenovelas, pero el talento del director Farhadi y su profundo humanismo van más allá del melodrama y de las diferencias culturales.