La sobriedad de la puesta en escena, un ritmo reflexivo y un delicado manejo del sonido, permiten que esta nueva obra de Machín resplandezca con una poética singular.
Convencional, pero eficiente y suavemente humorística, cumple con su cometido al meternos en la piel del hombre corriente que cae en la trampa de sus propias imprudencias vitales.
A pesar de su impacto visual y la música de Lou Reed, la película se siente tanto excesiva como insuficiente para entender al personaje. La actuación de Viktoria Miroshnichenko es, sin embargo, lo más destacado.
En la pantalla, solo brillan algunos destellos del invento. Lo demás se sumerge en un crisol de bucolismo nostálgico y un academicismo anticuado que evoca el pasado más que el presente. Es una obra llena de nostalgia.
Una obra cinematográfica impresionantemente bella, con una fotografía espectacular. Destaca una escena de interacción íntima entre Rogowski y Whishaw que cautiva por su estética y sorprende por su autenticidad.
Para los fervientes admiradores de Garrel y aquellos que aún no lo son. Esther brilla en un filme que resuena con su esencia. Garrel, lamentablemente poco reconocido en estas tierras, se posiciona como uno de los grandes del cine.
Película cinematográficamente valiosa que ofrece más que un simple análisis de una relación tóxica. Además de las impresionantes actuaciones, está magistralmente dirigida.
Exquisita y encantadora, esta película es una hermosa carta de amor al cine y a las etapas de la vida, llena de esperanza y momentos mágicos y sobrenaturales. Léaud brilla con su actuación única e irresistible.
Un film incómodo, pero fascinante, en el que resulta fácil perder pie. La cinefilia celebrará esta propuesta audaz y un tanto alocada, ofreciendo una obra cerrada y pulida.
Las jóvenes realizadoras logran capturar la autenticidad y la emoción de los jóvenes retratados, evocando la esencia de una película de los Dardenne. Es una deconstrucción del cine social que se siente sana, fresca y entrañable.
Delicada miniatura que utiliza la distorsión de la imagen para resaltar un reflejo amable, característico de las comedias humanas de Hong, que presentan exquisitas variaciones sobre el amor.
Apellaniz, quien ha trabajado como proyeccionista y ahora se embarca en la producción, realiza su debut como directora con una obra que ofrece una visión cálida y iluminadora de un tiempo que, para bien o para mal, es irrecuperable.
Una comedia barroca y vibrante, aunque en ocasiones superficial y arriesgada, con un estilo decididamente almodovariano. Se la acepta con una mezcla de resignación y sin posibilidad de escape.
Garrel ha firmado su mejor película, con una fotografía que proporciona un envoltorio visual impactante. Es una obra deliciosa, un clásico instantáneo de la comedia catatónica.
El dolor no está presente, lo que convierte a la película, además de sus increíbles actuaciones y la habilidad para capturar las emociones, en una experiencia de puro deleite.
Choque cultural y reencuentros frustrantes en otra rom-com de la directora de 'Tortilla Soup'. A pesar de las actuaciones destacadas, la trama parece aún estar en desarrollo.
A pesar de contar con una historia similar a Romeo y Julieta, la película resulta ser una mezcolanza desigual y obsoleta de clichés del cine indie con actores reconocidos. Su premisa podría haber funcionado en 2001, pero hoy se siente desfasada.
La película presenta algunos gags acertados, pero estos parecen perder fuerza, mientras que la trama avanza de manera monótona, utilizando clichés del género que resultarían más interesantes si se invertieran.