Sang-soo desarrolla conceptos y elabora guiones maleables que sus actores y actrices llevan a la vida. En una armoniosa colaboración, crean relatos breves donde se expresan importantes reflexiones.
El director logra crear una buena ambientación, aunque la película se siente excesivamente ensayada en sus intentos de innovación. El protagonista resulta ser un personaje deliberadamente irritante, lo que impacta negativamente en la obra.
Recreación detallada que mantiene ese carácter íntimo y tranquilo característico de las obras de Roca. Un drama cuidadosamente elaborado, que resulta muy contenido a pesar de las difíciles decisiones que enfrentan los personajes.
Filme deliberadamente anticlimático que retrata a una mujer insegura, mostrando una gran seguridad en su tono y gestos, complementado por la interpretación absorbente de la actriz Miren Gaztañaga.
Es un ejercicio dinámico y cohesivo que mezcla géneros de manera efectiva y entretenida, aunque resulta patético en la construcción de algunos de sus personajes. En resumen, es provocador de forma sugestiva.
Sigue la herencia del icónico título de películas sobre asesinos a sueldo 'El silencio de un hombre'. La trama se centra en una búsqueda de venganza, presentando momentos fascinantes a lo largo del camino.
La película presenta una atmósfera muy estilizada y cuenta con una actuación destacada de Mario Casas, pero en términos generales resulta ser un gran desvarío.
El encuentro entre las protagonistas es interesante, pero la trama es muy débil. Las escenas de acción están mal ejecutadas, lo que hace que el atractivo que inicialmente tenía se pierda.
La obra fusiona drama con retratos de los entornos criminales y de personajes que enfrentan situaciones extremas de violencia. Presenta una variedad de tonos que van desde lo pausado hasta lo visceral, lo trágico y lo esperanzador.
La atmósfera 'noir' de La Habana está magistralmente lograda, y los giros de la trama resultan intrigantes. Sin embargo, los personajes no logran transmitir encanto ni misterio.
La película carece de un guion sólido, dejándose llevar por la imagen desencantada de Banderas. Se siente como un constante relleno, aunque la presencia del actor, a veces irónica y cansada, logra salvarla.
Puede ser voluntariosa y hasta simpática en su restitución de la imaginería del spagueti-western, pero también resulta enfática y gratuita en sus explosiones de violencia sádica, mostrando poca o ninguna profundidad en su tipología.
El director opta por centrarse en la trama y algunos giros impactantes en lugar de construir una atmósfera que genere verdadera inquietud o terror en los personajes. La dirección es adecuada, aunque un poco monótona.
Schrader explora dos épocas de manera intrigante. El resultado es un cautivador juego con formatos y texturas, acompañado de una profunda reflexión sobre la construcción de nuestra identidad.