Es sencillo ignorar los inconvenientes cuando el talento del director brilla al retratar el sufrimiento del desarraigo, así como la idea, aunque algo idealista, de que el amor puede sanar esas cicatrices.
Una carta de amor profunda y emocional de un hombre en sus últimos días. Sería maravilloso que Paul Schrader aún tenga muchas más historias que contar.