A pesar de la innegable importancia de esta historia y de la evidente pasión de los implicados en contarla, es más que nada una película de acción relativamente estándar, de época, y eso es una pena.
Escabrosa, desgarradora, puro material del siglo XXI. Liz Hannah y Patrick MacManus presentan un enfoque sutil, equilibrado y creativamente fascinante.
Divertida. Con la hábil dirección de Michael Showalter y, en los últimos episodios, de Jesse Peretz, y un guion siempre agudo de Georgia Pritchett, la serie se vuelve cada vez más oscura.
La película logra dos objetivos: por un lado, entretenernos, y por otro, plantear la necesidad de reevaluar ciertos aspectos de las leyes de drogas en este país.
Representa con cuidado los últimos días de un discípulo. Caviezel ofrece una interpretación estoica, mientras que Lynch y Whalley destacan en sus papeles.
Intrigante pero demasiado larga, la serie de Apple TV+ se salva por el retrato de su estrella del indulgente diplomático que presiona a los franceses para obtener ayuda.
Un relato trepidante y bien interpretado del escándalo de Donald Sterling. Merece la pena verla por las acertadas interpretaciones de Laurence Fishburne y Ed O'Neill.