En la vertiginosa frontera entre lo trivial y lo significativo, este biopic deslumbrante y singular resulta tan cautivador como sorprendente en su realización.
Está repleta de suficientes delicias desagradables y sorprendentes cantidades de corazón para elevar la serie desde sus orígenes a algo cercano al arte cinematográfico.
Una producción brevemente anacrónica cuyos elementos no logran despegar, como brasas mal cuidadas, carentes del oxígeno creativo necesario para generar cualquier chispa.
No parece que Nathan Caine esté listo para convertirse en un nuevo héroe de acción de taquilla, pero su carácter tiene potencial para protagonizar varias secuelas.
Es más una fantasía insensible que un análisis de los personajes, con Pamela Anderson en un papel que refleja verdades profundas sobre las decisiones que las mujeres toman para ser vistas.