La película toma prestados muchos elementos de la trama y el estilo visual de 'The Wild Bunch' de Peckinpah. Sin embargo, el guion logra mantener un tono hilarante a lo largo de la historia.
El uso de la profundidad de campo, las sombras y el color es excelente. El material es en sí mismo fascinante y la música de Erik Satie está perfectamente escogida.
Parece un musical de mal gusto, aunque carece de melodías. Wilder inyecta un cinismo sutil que introduce humor sin caer en momentos excesivamente aburridos.