A pesar de una atmósfera cautivadora y una actuación destacada de Josh Hartnett, la película se ve afectada por diálogos poco fluidos y una narrativa predecible.
Lo extraño es que me deja recuerdos tan vívidos de su época y sus lugares, sus sentimientos y sus climas, y sin embargo me deja tan completamente indiferente a su argumento.
Es un alivio, en una época de cinismo donde se considera que el sexo vende cualquier cosa, descubrir una película erótica que resulta ser mucho más de lo esperado.
Este thriller supera a muchos de su clase al abordar dilemas morales, mostrando cómo el atractivo del dinero, las mujeres hermosas y los coches veloces eclipsa la importancia del trabajo policial.
Cuando esos pequeños ratones intentan llevar la llave por las escaleras para liberar a Cenicienta, sigue siendo emocionante, sin importar cuántas películas de Kubrick hayas visto.
Un entretenimiento bien elaborado que ofrece múltiples ideas, lo que lo eleva más allá de un simple thriller futurista y lo posiciona también en el ámbito de la ciencia ficción.
Es una buena idea para una película. Por desgracia, se queda básicamente en una idea. Los personajes adquieren una importancia tan secundaria frente al artilugio que nunca sentimos gran cosa por ellos.
Verla es presenciar la evolución de un incidente automovilístico que impacta en lo emocional. Es una de esas películas infrecuentes que aborda la sexualidad desde una perspectiva reflexiva, dejando de lado la mera representación del sexo.