Es una imitación diluida de la original. Sí, tiene bastante humor y sí, algunos efectos especiales son divertidos, pero tiene demasiados gremlins y poca historia.
Mel Brooks se muestra en su elemento en esta obra, la más disciplinada y visualmente innovadora de su carrera. Es una encantadora meditación sobre nuestra relación ambivalente con los monstruos.
Anderson es similar a Dave Brubeck, a quien escucho en este momento. Conoce perfectamente todas las notas de la pieza original, pero la verdadera diversión y el ingenio radican en cómo juega con ellas.
Tiene escenas que son más graciosas que las de la mayoría de películas de este año y otras que exudan el dolor de los secretos familiares y cuando acaba, hemos visto una obra maestra.
Esta película presenta un nivel de escritura excepcional y cuenta con actuaciones sobresalientes, lo que la convierte en un proyecto que no debería considerarse un fracaso. Sin embargo, hay una falta de conexión emocional que le impide brillar realmente.
Al final de la película te deja con ganas de volver a disfrutarla. Los personajes no son interpretados por los actores más esperados en un casting, pero logran que no puedas imaginar a nadie más en esos roles.
Una película sobre la simbiosis entre director y público. Allen nos revela su proceso y nuestra participación en él. Con su complejidad e ingenio, se posiciona como una de sus obras más destacadas en tiempos recientes.