Una propuesta que refleja clásicos de la comedia romántica, aunque su originalidad y calidad podrían pasar desapercibidas si se la considera únicamente como una de las primeras apuestas de rom-com gay.
Bonnell utiliza las unidades dramáticas del teatro y propone una puesta en escena ingeniosa. Su enfoque se centra en retratar la atmósfera caótica de la vida cotidiana, relegando el drama de la ruptura a un segundo plano.
El único aspecto destacable es la mirada cómplice y sincera de Jacob Tremblay, quien se presenta como el único en el elenco que logra mantenerse enfocado en medio de este lío emocional que busca abarcar demasiado sin conseguirlo.
La masculinidad se presenta en crisis en esta comedia que, a pesar de su tono melancólico, evita caer en la amargura. Refleja lo que hemos dejado atrás, nuestra identidad y lo que ya no podrá ser.
Podría considerarse como una especie de terapia de sensibilización. Cormenzana aborda la confusión y la locura con un enfoque en la esperanza, evitando la manipulación sentimental.
Una propuesta familiar que se adapta según lo requiera la situación, mostrando un cambio de comedia escatológica a sátira marital. Un enfoque que, aunque ya se ha visto en varias ocasiones, se presenta con gracia y eficacia.
Estremecedora en ocasiones y un claro ejemplo de la solidaridad y sororidad que existe entre las mujeres, su mensaje es fundamental para aquellos que desean entender el mundo actual.