'Aftersun' es una experiencia sensorial intensa y, al mismo tiempo, dolorosamente melancólica. Además, se posiciona como uno de los debuts más sobresalientes presentados en el Festival de Cannes en años.
Un romance encantador, conmovedor y agridulce repleto de todas las cosas encantadoras que hemos llegado a asociar con Aki Kaurismäki después de cuatro décadas.
Con sus 145 minutos, pocas localizaciones y muy escaso diálogo, esta resuelta visión del destino que nos espera es cualquier cosa menos expeditiva. Una película radical con tanta capacidad de impactar como de emocionar.
Muy divertida, y en realidad muy poco pretenciosa. Skolimowski utiliza el cine para crear una experiencia de realidad virtual de la vida de otra criatura que no requiere auriculares, algo así como una máquina de empatía.
Con una serie de interpretaciones muy emotivas por parte de su reparto, se trata de una obra de época angustiosa, aunque francamente sobria, que se completa con muchos de los tópicos más habituales del género.
El ojo que tiene Guadagnino para lo táctil, actualmente insuperable en el cine, es lo que hace que la película funcione. Es complicado cuestionar una obra realizada con tanta destreza y habilidad.
Extraña y sangrienta, la elección de Argento de situar la acción en el campo y de incluir algunas secuencias nocturnas perturbadoras resulta un tanto innecesaria. Sin embargo, hay maneras mucho peores de pasar el tiempo.
Una historia sobre lo lejos que puede llegar una persona para escapar de sus traumas. Aunque Renck intenta ofrecernos su propio 'Solaris', el director entiende que no debe tomarse demasiado en serio.
Todo el crédito debería ser para Burns, guonista habitual de Soderbergh, que ha realizado un magnífico trabajo trasladando la densa ficción de Jake Bernstein sobre un fiasco en un viaje tan animado y cinemático.
La oda de Herzog a los Krafft es solemne, sobria e hipnótica. Sí, la verá menos gente que la ganadora del Sundance, pero los que lo hagan, no la olvidarán.