La obra de Paul Schrader explora la muerte y el arrepentimiento con una complejidad que refleja la confusión del protagonista. Su enfoque experimental, que combina diversos estilos, a veces eclipsa el drama, quedando atrapado en su propia ambición.
Un almibarado meta-ejercicio multigeneracional que sirve como vehículo para Neeson y Micheál Richardson, que sacan el máximo partido de un guion pastoso.
Una voz audaz se eleva en esta oscura narrativa de iniciación rusa. Esta obra ofrece una visión metafórica sobre la manera en que las mujeres logran liberarse de la codependencia, tanto a nivel masculino como nacional.