Quince años después de su estreno, la película sigue resistiendo la prueba del tiempo. En la era digital, donde predominan los efectos generados por ordenador, la obra de Zemeckis se mantiene adorable e imperecedera.
En lugar de ofrecer una mirada espontánea a las relaciones actuales, se limita a disfrazar a sus estrellas de frikis y a llenar su boca de palabras baratas.