Pasamos de la luminosidad de Rohmer a las sombras de Bergman, sin perder en el tránsito un punto de comedia optimista. Con el tiempo, Jesse y Celine han alcanzado una profundidad emocional. Junto a ellos, uno se convence de que el amor puede realmente valer la pena.
Un filme soberbio por momentos. No solo por Pitt, sino también por Ray Liotta, Sam Shepard y J. Gandolfini, quien en apenas dos escenas se adueña de la función, así como Richard Jenkins. Todos aportan a esta obra destacada.
Una inteligente comedia que evita convertirse en un panfleto. Sin embargo, al esquivar la propaganda, en ocasiones incurre en un proselitismo conformista.
Es la película de animación que uno esperaría encontrar en un bazar chino. Remite a otros productos similares de forma más colorida, vistosa y repetitiva. Todo, lamentablemente, resulta ser más endeble y falso.
La película carece de fluidez, se siente como un verso forzado y un rap cansino. Presenta un humor que no logra conectar y desaprovecha buenas ideas. Resulta excesivamente "hardcore".
Se puede considerar una comedia negra teñida de filosofía existencialista, al estilo de Dostoievski. La chispa en los diálogos es evidente. Si se saltan 'Irrational man', no se preocupen; realmente no es tan importante.
Formal en su realización, la película se apoya en la vis cómica de Cameron y en la destacada actuación de unos secundarios excepcionales. Excepto por Justin Timberlake, que resulta bastante olvidable.
Corre la sangre: están avisados. También tiene momentos de humor. Lo importante es el movimiento, que no pare la acción. El resultado, si no ofende, es curioso. Hasta puede considerarse original.
Hay banderas que uno no puede asumir, como ocurre con la bandera de esta comedia triste o triste comedia. Así acaba arrastrada por el fango de las metáforas y uno se enreda en ellas, hasta llegar al hartazgo.