Alegra el ánimo. Elegante y sobria fábula que nos transporta al tono mágico de 'Luna de papel' (1973), un clásico que presenta a una niña autosuficiente, todo ello en un contexto de un realismo sucio que recuerda a las obras de Ken Loach.
Mánver, al igual que el resto del elenco, se entrega por completo. Sin embargo, es una pena que los profundos temas que impulsan la trama a veces se vean obstaculizados por sus buenas intenciones.
Aquí no hay acontecimientos. Estamos ante un pedazo de existencia. Poderosa e hipnótica interpretación, de una fuerza descomunal. Pura vida. Véanla, no se arrepentirán.
Tiene el filme un estilo propio, descarnado. Pero ese estilo, caracterizado por tomas largas y sin concesiones, se desvanece debido al exceso de condescendencia por parte del director.
Aranoa despliega una dirección competente, que lleva la película de menos a más, ganando en cada escena. Una dirección urgente, la suya, desaliñada y vital.
El filme presenta momentos divertidos, aunque Chaumeil no explora más allá de lo que debería. La película se siente como una simple ilustración que a menudo carece de profundidad, con un humor un tanto insípido y sin la agudeza necesaria.
Una gamberrada en tono menor. Resulta una película espectacular, eso es innegable, para esos momentos de impunidad. En la que sobran estrellas, como Blanchett, y falta corazón.
Es un conjunto de seis chistes precisos, que estallan como una bomba de relojería. Szifron administra la mala leche con la sabiduría de un gran cineasta.
El poder se presenta en esta obra como una lucha de sexos, evidenciando la dinámica de mando y sometimiento. La película de Polanski invita a reflexionar sobre si esta confrontación implica elementos de masoquismo. Es una cuestión intrigante que aborda de manera efectiva.