Como un largo blues lento, por momentos triste y por momentos alegre. Una película sencilla, casi previsible, sin pretensiones. Captura la inmediatez musical gracias a la frescura.
El viaje espacial es presentado de una manera nunca antes vista, fusionando la épica con la locura. Se trata de un impresionante alarde de realismo, comparable al 'Salvar al soldado Ryan' (1998) en el contexto de la conquista del espacio.
Tiene momentos que oscilan entre lo ridículo y lo intenso. El reparto, de lujo, se queda en meras comparsas de Efron, lo que provoca que la película se pierda en lo efectista, careciendo de substancia verdadera.
Lo hermoso del filme, su valor, diría que su milagro, está en el viaje de Reme (grandísima Ana Wagener). Y luego está el cuidadoso trabajo con los secundarios.
El trabajo de Helen Mirren es entregado y eficiente. Sin embargo, la recreación del momento, desde la perspectiva israelí, resulta triunfalista y carece de matices. No es el mejor momento para este filme.
Padilla es el espectáculo. Giroud aporta un contraste mediante entrevistas y declaraciones que destacan las razones del cisma ideológico en lo que se ha denominado 'El caso Padilla'.
La mejor película de Spike Lee en años. La más vital, desde luego, y la más divertida. Lee cruza sin problema la difusa y peligrosa línea que hay entre seriedad y parodia enloquecida.
Comedia y drama a la vez, con más de lo primero que lo segundo, pasada toda ella por la batidora de la psicodelia. El trabajo libre de un director libre.
'Jobs' se mueve entre las películas que retratan vidas ejemplares y el tono vengativo del primer 'El padrino'. Sin embargo, su falta de profundidad convierte la narrativa en una serie de postales y momentos, ya sean hagiográficos o críticos, sin lograr una clara definición.
Una divertida parábola de superación, amistad y lucha por la libertad individual caracterizada por su estilo de los años ochenta. La paleta del director se enriquece con diversos recursos, lo que se traduce en un magnífico elenco de intérpretes.
La banda sonora es lamentable. La discoteca, escenario principal de la (in)acción, resulta aún más decepcionante. Carece de encanto, tanto en la gente que frecuenta el lugar como en su manera de bailar y en las conversaciones que entablan.
No hay ninguna voluntad de realismo en la película. La iconografía del filme pertenece al género de terror, y es incluso más intensa y espectacular que en otras obras. Sin embargo, el verdadero impacto proviene de la actuación de Russell Crowe.