Como documento histórico y película de época, encaja perfectamente con su ritmo controlado y sus emociones contenidas. Sin embargo, deja a su homónima abandonada a mitad de camino.
Por un lado, es una película empática y hecha con cariño que se puede ver perfectamente, y, por otro, recurre a lo efectista y comercial para dar voz a aquellos que ya no están con nosotros.
A Ceylan le gusta construir personas, acontecimientos y situaciones, y gracias a este enfoque, puede finalmente crear un mundo en el que la intuición puede abrirse paso a través de las grietas de la fachada racional.
Hay algo hipnótico en los ritmos de la película. Ese sentimiento fatalista parece ser el sello distintivo de Franz y Fiala, un tono que vincula su trabajo a Jessica Hausner y Ulrich.
El filme presenta un enfoque visual diverso, que captura completamente las variadas dimensiones, formatos y condiciones de conservación de los materiales originales empleados en su creación como cine-ensayo.
Es cierto que hay partes de 'Gloria!' que parecen trilladas pero en su conjunto, es una alegre oda a las innumerables compositoras borradas por la historia.
Cornudella Castro logra un equilibrio notable, casi mágico, donde humanos, animales y plantas coexisten. La cámara retrata a cada uno de ellos con dignidad y respeto.
Ava DuVernay es una talentosa directora que demuestra una notable sensibilidad social, logrando ilustrar la violencia estructural vinculada al sistema de castas de una manera accesible y sin caer en discursos filosóficos complejos.
Es una elegía que refleja la inminente conclusión del mundo tal como lo conocemos. Los últimos defensores de una identidad en peligro se mantienen firmes y se ríen de su situación. Samu Fuentes, de forma paradójica, ofrece una espléndida comedia.
Renuncia a los tropos habituales de las historias iniciáticas y Woodworth demuestra que es una maestra en el arte de contar historias y, sobre todo, de contar sentimientos. Es cautivadora y cuenta con un carismático reparto.