La película brillaba más con Bellucci, Cassel y Bohringer como protagonistas. Josh Hartnett es demasiado metódico y Kruger, aunque hermosa como en 'Troy', no logra transmitir la intensidad dramática necesaria.
Lamentablemente poco inspirada y rozando la incoherencia, este nuevo film carece incluso de los placeres fugaces que hicieron que la primera película fuera un pasable entretenimiento de palomitas.
Carey Mulligan brilla como Batsheba Everdene. Su interpretación evoca una poderosa sensación de tiempo y lugar, transportándonos al universo de Hardy, a pesar de que el drama ocasionalmente pierde fuerza.
Aunque cuenta con un metraje breve y actuaciones sólidas, la película se siente estancada debido a su atmósfera y a la superficialidad en la exploración de la compleja psique de su personaje principal.
Esta comedia entrañable del director Shawn Levy es tan amable y encantadora como sus dos personajes principales, aunque su duración puede ser un poco excesiva.
Su agradable estilo retro y varios momentos vibrantes sostienen una película que la mayoría de los hombres heterosexuales no se atreverían a apreciar, excepto en el contexto de una cita.
Una profunda expresión de aflicción que proviene de muchas ciudades estadounidenses, mayoritariamente afroamericanas. La obra de Broomfield se presenta como su trabajo más incisivo y significativo en los últimos diez años.
Cooper logra que los actores se sientan cómodos y dispuestos a mostrarse auténticamente, llevándolos a explorar emociones profundas y sorprendentes en sus interpretaciones.
'The Giver' presenta una adaptación que logra reflejar la esencia de la emotiva alegoría de Lowry, aunque no consigue transmitir su profunda resonancia.
Blomkamp destaca como un narrador excepcional. Su dominio del ritmo nos sumerge en un futuro construido con atención a cada detalle, en lugar de asaltarnos con acción desmedida.
Cada primavera, nos encontramos con una nueva película de Nicholas Sparks, una tradición tan incontournable como la llegada de la declaración de impuestos y las alergias, aunque quizás un poco menos molesta para nuestra sensibilidad.
Un retrato emotivo de dos personas que se aman, pero no son capaces de vivir juntos; y es un placer, en su mayor parte, pasar dos, o tres, o cinco horas en su compañía.
La pérdida de un tren sirve de escenario para el debut como director de Chris Evans, pero desde el punto de vista dramático, el ejercicio de estos parlanchines, artificiales y, en definitiva, tediosos actores nunca sale de la estación.