Un final de saga bien concebido e impresionantemente ejecutado. También demuestra que Wilson tiene lo que hay que tener tanto detrás como delante de la cámara. Da un poco de miedo lo polifacético que es.
No decepciona. Es una película que nos recuerda por qué Shyamalan es uno de los grandes alquimistas contemporáneos del cine, y una soberbia muestra de un cineasta en su vertiente mejor y más audaz.