Hasta el final, Mysius mantiene la impresión de que su película es un objeto deslumbrante y enigmático, que invita a ser contemplado pero no puede ser alcanzado.
A pesar de lograr su objetivo de exponer el comportamiento patético y explotador de los dueños de plantaciones, la película cae en la misma apatía que Josefien, anhelando un clímax que nunca se materializa.