Si bien uno podría haber deseado que fuera una película mejor, con algunas decisiones más inteligentes con respecto al guión, en general es un relato fascinante, incluso inspirador.
Una historia disonante e insatisfactoria, que en ocasiones resulta emocionalmente incoherente. Hanks brilla en su actuación, pero la película en general no cumple con las expectativas.
Las interpretaciones transmiten una humanidad tan brillante que resultan conmovedoras. Hay un elemento que remite a la inevitabilidad del drama griego.
Lo impresionante de ella es su fría moderación: Como el mejor periodismo, nunca se rebaja a sensacionalizar o sermonear, sino que se limita a observar.
Una mitad de la historia, la que se centra en el béisbol, funciona más o menos. Sin embargo, la película no trata únicamente del béisbol, sino de los sentimientos. Lamentablemente, la otra mitad, enfocada en lo sentimental, no logra funcionar.
Es un desperdicio filmar una película tan insulsa en las calles de Manhattan. Consideren el dinero, la logística y las interrupciones que se causan en la ciudad. Todo esto... ¿para qué? Una auténtica vergüenza.
Puede que la película tarde cinco minutos más en terminar y le vendría bien una puesta de sol menos, pero... aparte de eso, es condenadamente perfecta.