Cuando la trama obliga a Bourne a dejar su vida tranquila, la película se convierte en un desfile de combates y persecuciones, intercalados de forma esporádica por diálogos mínimos.
Los cambios emocionales de los personajes son auténticamente conmovedores y se logran transmitir de manera efectiva. Sødahl demuestra ser una talentosa observadora, mostrando una habilidad notable para captar momentos sutiles.
Casi te hace sentir la humedad en tu cara. No es un lugar agradable, pero Griffin logra que nos sintamos parte de él. Watts encuentra la manera de hacernos querer quedarnos.
Raboy tiene un talento especial para construir atmósferas intrigantes. Sus impactantes primeros planos generan expectativas de algo excepcional. Sin embargo, al final, esa promesa se queda sin cumplir y nos deja con una sensación de insatisfacción.