La octava entrega de la extensa franquicia regresa a su territorio habitual, aunque resulta algo trivial, sus resultados son predecibles, pero igualmente entretenidos.
Además del análisis experto de Welsh sobre la época, la gran virtud de esta película radica en el trabajo dinámico y ágil que ha realizado Nick Moran en la dirección.
En otro año y en una película más cautivadora, Foxx podría haber ganado el Óscar. Sin embargo, en esta ocasión, Foxx brilla con talento, mientras que Jordan entrega una actuación aceptable, todo en un entorno que resulta algo mediocre.
Es una experiencia visual maravillosa y exuberante, pero que también captura algo de la soledad, la fatiga, y de la nublada y estrábica alienación que los viajes pueden infligir.
Hay muchas opciones de que lo pases en grande con esta aventura. Es Marvel haciendo lo de siempre, pero -y esto es raro- logra tocar casi todas las teclas adecuadas.
El maestro del terror italiano Dario Argento, a sus 81 años, parece haber perdido el interés en explorar nuevas ideas, como se evidencia en su último trabajo.