No es descabellado pensar que esta llamada de atención agridulce pueda hacer que la reforma entre en algunos planes políticos. Sólo por eso ya merece la pena verla.
Una obra maestra del neorrealismo, cine con conciencia social sobre el proletariado. La película se distingue por su vívido trabajo de cámara, a la vez poético y 'documental'.
Burger y el coguionista Dirk Wittenborn abordan el melodrama con un toque lúdico. Sus ingeniosos giros logran profundizar nuestro aprecio por los personajes.
No presenta elementos innovadores, pero el director se inspira en grandes referentes. Las secuencias de acción son de alta calidad, lo que mejora la experiencia.
El número de muertes ha crecido y Rambo se ha transformado en una marca más que en un personaje, convirtiéndose en una especie de ícono que representa la violencia desmedida y el deleite por los asesinatos sin justificación.
Los cambios de poder son los que hacen que el drama sea tan interesante. Al grabar en tomas largas e implacables, Figgis nos transmite toda la electricidad que hay entre los actores.