Un drama embriagador que explora la alienación en la adolescencia. La perspectiva del nihilismo juvenil presentada por Chan es tanto auténtica como impactante.
Si bien escapa a los estereotipos típicos de las historias sobre enfermedades terminales, le falta la profundidad emocional que caracteriza a las obras más destacadas de Ozon.
A pesar de su ritmo pausado y un desenlace que podría parecer un tanto sutil, la película brilla gracias a la extraordinaria interpretación de Béart, que está llena de matices.