¿Una película feminista? Sin duda, es feminista y también humanista, sutil y contada con la habilidad de una excelente cineasta. Es una obra de impacto inesperado y una profunda fuente de inspiración.
El relato es hábil y engancha desde el principio. Las imágenes son impecables y muy sólidas. No oculta nada, lo que emociona no como una estrategia, sino porque es esencial trabajar la emoción en esta película.
Una película a ratos brillante, gran retratista de personajes. Fascinante creación la de Niels Arestrup, quien se desliza por la película, la narra con maestría y logra hipnotizarte.
Más que digna mirada a los últimos momentos de vida de la reportera de guerra Marie Colvin, interpretada de manera valiente y creíble por Rosamund Pike.
Cansa un poco el tono redentorista del relato, la exageración algo latosa del mensaje metafísico, pero no anula la potencia y calado de su historia. Así como la habilidad narrativa de un guión bien trabado.
Bayona ha parido una película de ejecución perfecta y habilidad milimétrica, una flecha teledirigida para hacer diana en el alma y conmoverla (...) es un peliculón.
Un puzzle de angulosas fichas que consigue atraparnos como un pegamento de impacto, a pesar de la exigencia de su argumento y los sobreentendidos que aborda.
Termina uno algo apabullado de estímulos, una sobredosis de testimonios desbordados de pasión y admiración. Apabullado pero feliz, claro. Luminoso, instructivo y generoso documental.
Qué película tan extraña, tan fallida y a la vez tan fascinante. Hay un buen flujo de cine en el corazón de esta obra contradictoria, barroca y desmesurada en todos sus aspectos.
Honda, profunda, arisca y oscura, así es esta película sin ni una sola concesión comercial. Conmovedora historia de una mujer, su mundo y su tóxica abnegación.
Comedia bien orquestada, con pasajes desternillantes e inyectada del ritmo preciso, virtud tan difícil de encontrar y sin duda el motivo de fracaso de tantas comedias inoperantes.
Una parábola algo torpe sobre una sociedad futura, con un guion que, aunque prometedor, resulta excesivamente evidente. Su estética es tan pulcra y cronenbergiana que llega a incomodar. Se asemeja a un remake involuntario de Cosmopolis, aunque afortunadamente no es tan pesado.
Entre las dos de vez en cuando sueltan alguna sandez carcajeante, pero si un tinglado tan endeble –a ratos parece un documental de Michael Moore, cargado de sujetos extremos– se encarama hasta los 117 minutos, el error de cálculo es evidente.
Típica y archivista buddy movie. Lo mejor que se puede decir de ella es que no ofende especialmente y que tiene un par de chistes con cierta miga que hacen sonreír al subconsciente cinéfilo.