Las películas no se comportan como las personas; aunque sean agradables y decentes, pueden no ser estimulantes. Este tipo de películas tienden a resultar agotadoras.
Merece la pena prestar atención a la Srta. Keaton, que sigue creciendo como actriz y presencia cinematográfica. Es demasiado buena para desperdiciarla en el tipo de material que ofrece la película.
La película muestra una buena dosis de inteligencia, aunque esta se utiliza para expresar un sentimentalismo que puede resultar agotador para la mente.
Parece que [Adidge & Abel] se sintieron intimidados por la grandeza de su invitado. La cámara no logra captar ningún instante genuinamente personal, y al acercarse, solo muestra la exaltación de un ideal, similar a las fotos oficiales de un Presidente o un Papa.
El guion resulta sólido, con una dirección cuidadosa y actuaciones en su mayoría impactantes. Es un entretenimiento comercial que ofrece una satisfacción poco común.
A pesar de ser promovida como una comedia para adultos de Reitman, su nueva película se percibe más como una comedia juvenil protagonizada por adultos que interactúan en un entorno maduro.
Al comienzo, da la impresión de ser liviana; sin embargo, se convierte en una película que presenta una sensibilidad y profundidades emocionales muy inusuales.
Bergman se presenta de manera más enigmática, fascinante y contradictoria que en cualquier otro momento, mientras su enfoque cinematográfico alcanza una claridad, precisión y equilibrio sin precedentes.
No es correcto asumir que los conflictos de los personajes son insignificantes. Citando a Claude Chabrol, no existen problemas triviales, sino filmes que no logran profundizar.