Es una película sobria, de indiscutible valor social. Sin embargo, a lo largo de más de dos horas (quizá demasiado tiempo), no siempre mantiene la atención del espectador.
'Berdreymi' confirma el talento de Guðmundur Arnar Guðmundsson como un director perspicaz y sensible, con un don para transmitir emociones profundas mediante pequeñas pinceladas.
En general, este despliegue de habilidades completamente femeninas es un deleite visual, complementado por una invitación casi obligatoria a unirse a la hermandad, lo cual resuena profundamente en la actualidad del movimiento 'Me Too'.
Varios aspectos de la historia son totalmente inverosímiles. Pero el impacto nostálgico es innegable, con el director turco-italiano retratando la Italia de la que se enamoró y que eligió como hogar hace 48 años.
Es una película colorida diseñada para llegar a mucha gente y funciona como homenaje al cine de género. No quiere reinventar nada, simplemente entretener.
Va más allá de los clichés de adaptación de una novela gráfica y crea su propio lenguaje, dando forma a la nostalgia y melancolía de su protagonista en una Nápoles casi metafísica que no decepcionará a los fans del género negro.
Uno de sus puntos fuertes es cómo muestra aspectos de la realidad a través de las obras del pintor. Por desgracia, el excesivo énfasis y algunas de las interpretaciones acaban por socavar esta autenticidad.
Es complicado entender las verdaderas motivaciones que impulsan al protagonista. Sin embargo, la trama ofrece una perspectiva interesante sobre los sentimientos de culpa que pueden surgir en el ámbito deportivo.
El punto fuerte de la película es la inmersión realista que ofrece en el mundo de la alta cocina. El público que salga de los cines se encontrará con ganas de ponerse a cocinar.
Nunca resulta predecible. En lugar de eso, abre una ventana sobre la mirada de un director original y muy prometedor, al que le encanta sorprender al público sin perder un ápice de profundidad.
La cinta de Margherita Ferri sobre el primer adolescente que se suicidó por ciberacoso en Italia rebosa matices y nos recuerda lo actual que sigue siendo este peligro.
Una película sobre las segundas oportunidades en la vida, sobre la importancia de sentirse querido y, lo más importante de todo, un alegato urgente para no dejar a nuestros adolescentes solos con sus demonios.
Entre el dolor y la alegría, la tristeza y la felicidad, con un trasfondo profundamente amargo y momentos de sentimentalismo consciente, esta película es la que Avati describe como su obra más sincera y autobiográfica.
Nuestros dos pequeños protagonistas, que emprenden este viaje hacia lo desconocido, destacan por su espontaneidad y expresividad, soportando con seguridad todo el peso de la película sobre sus hombros.