Interpretada con delicadeza y precisión, dista mucho de ser perfecta, pero cuenta con elementos que logran compensar su excesiva duración y su carga sentimental.
Las imágenes más impactantes fueron capturadas en la revuelta de agosto y septiembre de 2007, la cual alarmó al gobierno debido a la destacada participación de numerosos monjes budistas.
La película es desorganizada, y aunque mejora un poco hacia el desenlace, el público se sentirá confundido o apático. Se espera mucho más de una trama sobre el fin del mundo.
El sentido de la intimidad de la película, la cercanía a las personas reales y los dolorosos acontecimientos, le permiten llegar a un lugar más profundo que las más convencionales obras de la prosa política.