Los absurdos giros de guion podrían haber sido un defecto de no ser por el tremendo sarcasmo del que hace gala su guion. Es una de esas películas que no se toma en serio a si misma ni de lejos.
Hermosa pero superficial. No logra transmitir la sensación de amenaza ni posee la misma profundidad emocional que otras obras de Ozon con temáticas similares.
Una historia de advertencia elaborada con destreza. Esto es cine seguro y decidido, que aunque sucumbe a un clímax predecible, logra enseñarnos cosas que quizás no hayamos visto o deseado ver antes.
La animación es meticulosa e ingeniosa, resaltando la esencia iconoclasta de Deix. Aborda sin temor las costumbres religiosas y sociales, desafiando la hipocresía y el fanatismo de manera efectiva.
Meditativa en su ritmo, pictórica en composición, discretamente devastadora en su drama. Una obra increíblemente hermosa. La actuación de Iris Bry es totalmente magnética.
Aunque el elemento romántico de la historia no siempre convence del todo, no cabe duda de que el verdadero villano de la película es la prepotencia del colonialismo británico.
Un dispositivo polémico, pero que demuestra que el valor otorgado por las fuerzas de ocupación a las vidas y el futuro del pueblo palestino era menor que el valor otorgado a la tierra que fueron obligados a desalojar.
Es una película atractiva, pero convencional, que pierde la oportunidad de permitir que el estilo, apasionante y desinhibido, de Salomon, se note en su estética.
Vagamente basada en una mujer real, la película presenta un retrato general que, aunque no profundiza excesivamente, logra mantener el interés del espectador. La propuesta es suficientemente entretenida como para ser vista.
Una película lacrimógena a la antigua usanza que retrata el exuberante remolino sentimental de la original, además de evocar un trasfondo y época distintivos