Aunque es perceptiva al captar el lenguaje corporal y las necesidades emocionales de Monique, aún recurre a los mismos clichés sentimentales que restan fuerza a muchos dramas deportivos.
Flitcroft fue sin duda una figura deportiva extravagante y poco ortodoxa en la vida real, pero, al venerarlo simplemente por eso, la película se reduce a algo que nunca fue: totalmente convencional.
Transmite una sensación de espontaneidad muy agradable. Sin embargo, el título de la película, que promete un acceso completo a la vida de Nina, se siente como una farsa.
La película se enfoca intensamente en el posparto de Jo, lo que lleva a que el temor y la incertidumbre asociados con la maternidad se transformen en una rutina monótona.
Klapisch establece una conexión entre el intrincado proceso de hacer vino y la naturaleza de la memoria, presentando una profunda metáfora. Juliette se presenta como un misterio que invita a la reflexión.
La película no proporciona el contexto necesario sobre la vida de Vargas. Su estructura no lineal, que juega con el tiempo, ofrece una propuesta original y revitalizante.