El desarrollo de la película se puede anticipar, sin embargo, Colomo logra crear una obra amena que evita caer en lo vulgar. Un gran acierto por su parte.
La historia resulta confusa y requiere un esfuerzo considerable para seguir el viaje de Ethan Hawke. Sin embargo, es precisamente esa falta de claridad lo que ha cautivado a este crítico.
Presenta un enigma que, aunque varía en su ritmo, se mantiene honesto en su desarrollo. Se pueden notar cambios bruscos entre lo naíf y lo serio. No te hará un ferviente seguidor, pero sí despertará tu curiosidad.
A Miller utiliza su habitual versatilidad formal para captar nuestra atención sobre la curiosa dupla. Ajustando las expectativas, la película se convierte en una experiencia muy entretenida.
La trama del filme carece de interés y sorpresas, y sus personajes resultan tan insípidos que evocan la idea de que el viejo George Smiley y su equipo los habrían devorado sin remordimiento.
A un filme así, tan poseído por la voluntad de resultar extraño, ¿cómo no quererlo? Posee dos virtudes raras e imposibles de medir: misterio y encanto.
Se las apaña bien en la difícil tarea de hacernos sonreír. Aunque presenta algunos momentos flojos, resulta conmovedora y entrañable, recordándonos a esa figura entrañable como un abuelo.
Kôji Fukada se aleja de las influencias de Haneke y Von Trier, y en su lugar se inspira en cineastas como Rohmer, Erice y Kiyoshi Kurosawa, su profesor universitario.
La combinación de drama, espiritismo y policial no logra fusionarse por completo, pero el resultado es una película con una ternura singular que atrapa al espectador.
Comedia que pierde gran parte de su encanto después de los primeros 45 minutos, aunque resalta por algunos elementos visuales interesantes y personajes entrañables.