La película parece más una procesión que un drama convincente. Está tan decidida a mostrar su moral que pierde el control sobre la realidad de sus personajes.
Hay una problemática complacencia y una falta de compasión en 'Lo imposible', que es más el relato de unas vacaciones arruinadas que una visión sobre una destrucción masiva.
Lo que hace que el film funcione —además de la energía y agilidad de las actuaciones y el estilo veloz y fluido de Liman— es el contrapunto preciso entre drama público y doméstico.
La historia real de Jack Abramoff tiene giros significativos y personajes tan vívidos que superan a Hickenlooper, quien no logra darle una estructura coherente.
Una película que se toma en serio la autonomía femenina, su creatividad y su deseo por algo más que tener pareja. Roberts difumina su glamour sin extinguirlo.
Hay cierto vigor llamativo que hace que la película se deje ver, aunque su historia sea descontrolada y se acerque de forma superficial a los temas que trata.
Su mayor logro es contar su historia, como hizo en gran parte la autora de los diarios originales, con una combinación de claridad desapegada y complejidad emocional.
Rígida y forzada. El problema radica en que, al intentar refutar el estereotipo histórico de la pasividad judía, Mr. Zwick, coescribiendo el guion con Clayton Frohman, termina reafirmándolo.
Schnabel exhibe su libertad creativa en cada fotograma y en cada secuencia, rompiendo con las convenciones narrativas y expositivas para optar por una honestidad salvaje e intuitiva.
Encontrando la belleza en los días de horror de un chico. Uno de los mejores tratamientos no documentales del Holocausto jamás producidos, tan seco como devastador.
El contenido de 'Nobody Knows', que debería consolidar su reputación como uno de los directores más interesantes y originales de Japón, es por naturaleza triste.