No alcanza el nivel de su predecesora en términos de sustos, pero ofrece una representación inquietante de las desventajas que conlleva la fama en el ámbito musical.
Nikou se asemeja a Lanthimos, pero presenta una faceta más dulce. Sin embargo, carece del mismo dominio en el uso de metáforas y alegorías que su maestro.
Una excelente forma de culminar la temporada estival de películas es con un thriller de acción que no solo capta la atención, sino que también refleja problemas políticos actuales, creando una atmósfera cargada de suspense.
Miles Teller y Anya Taylor-Joy dan vida a francotiradores en lados contrarios de un enigmático abismo en un film de monstruos que logra destacar por su inteligencia.
La película logra mantener al espectador en tensión constante. Gran parte de su impresionante intensidad se debe a la actuación de Grant, quien revela la oscuridad que se oculta tras la fachada encantadora de su personaje, una estrella en el ocaso de su carrera.
Durante un buen rato, logra captar la esencia de su antecesora. No obstante, James Watkins se desvía al final, transformando una de las obras de terror más impactantes de la década en un espectáculo sobre la búsqueda de la autoafirmación.
Su visión política es tóxica para la diversión. La película promueve la idea de que aumentar el arsenal, en lugar de reducirlo, generará más seguridad.
La película está bien hecha y muestra un gran nivel de inteligencia. Sin embargo, me pregunto, ¿cuál es el propósito de recrear una versión menos intensa de una obra que se destacó precisamente por su grado de intensidad?
Kaufman nos brinda una fascinante mirada hacia su mundo interior, que resulta ser un espacio intrigante para explorar, aunque la pregunta que surge es: ¿es realmente un lugar donde uno desearía residir?