El problema principal de 'Mank' radica en que las historias secundarias y los trasfondos se desarrollan sin consistencia, convirtiéndose en una maraña que no logra integrarse plenamente en la narrativa.
Nunca deja de parecer una versión deslucida de la original. Uno de esos curiosos casos en los que un producto fracasa por ser demasiado respetuoso del original.
Más allá de las imágenes, lo más sobresaliente del film es su edición de sonido. Todo lo que escuchamos parece ser una expresión del mundo interior de Julius Robert Oppenheimer en lugar de lo que sucede a su alrededor.
Parecería un material fílmico que, en su perseguida objetividad, se vuelve acrítico, pero el resultado es exactamente el contrario. Loznitsa redobla la realidad.
Cuando generalmente sus películas intentan presentarte una trama seria mientras esconden su verdadero afán esteticista, en 'Priscilla' todos los detalles superficiales parecen anhelar ser considerados con un grado de seriedad.
Quizás lo que más se resiente en este vaivén entre lo real y lo imaginario es la sensación de espacio. Ya desde la primera escena, la forma de retratar el barrio de Belfast en el que vive Buddy parte de un tono melifluo.
La última versión de Disney acierta en su error. Aunque se presenta como un compendio de diversas referencias previas, en esa mezcla sin un criterio definido hay una esencia pura, celebratoria y llena de vida, similar a lo que encontramos en los grandes clásicos del punk.
Guadagnino toma la partitura de la Suspiria original y crea algo totalmente nuevo, más parecido a una relectura que a un remake. Se atreve a desafiar el universo original, al mismo tiempo que lo expande.
Más allá de la maestría cinematográfica y de la profundidad de los personajes, 'Mindhunter' habla de cómo los asesinos, en su exceso, se convierten en metáforas activas de sus tiempos.
Juega a colocarnos en el lugar del Gran Otro lacaniano, y en ocasiones esto resulta placentero. Sin embargo, pronto nos percatamos de que es él quien realmente controla los hilos.
Todo termina por ser tan poco sutil como las referencias noventeras que aparecen a cada rato, algo que va casi a contramano de las temáticas tan camufladas, insidiosas y estructurales que plantea.
En todo esto hay una intuición de director, una idea de lo sublime de los objetos por encima o por fuera de las personas, que redime todos los errores que se puedan notar en el transcurso de la serie.
En el fracaso de 'Cats' falta el arrojo, la extravagancia y el espíritu irreverente necesarios para hacer de esta obra algo especial. Se perfila como la peor película de una década que ya finalizó o que apenas comienza.
El documental logra perfilar a los tres principales responsables de la piñata, hombres distintos entre sí que, de alguna manera, formaron parte de un sistema de fichas de dominó que finalmente resultó en una explosión.
El éxito radica en cómo Jason Hehir narra una historia que te mantiene cautivo, incluso sabiendo el desenlace y con un Michael Jordan reconocido a nivel mundial.
Hay en la dirección de Sebastian Meise algunos detalles que lo confirman como un director tan minucioso como poderoso. Las elipsis por momentos parecen túneles que nos llevan de una década a otra.