Compulsivamente divertida, logra ser también inteligente, original y sensible. Todos los actores despliegan su gracia y un patetismo que resulta encantador.
Durante demasiados minutos, el espectador se siente perdido; lo que sigue resulta categóricamente predecible y prescindible, considerando el tono de culebrón trágico en el que transcurre.
Nora Navas y Francesc Garrido ofrecen actuaciones sobresalientes, aportando autenticidad a cada plano de un relato desolador. La historia plantea, de manera sutil, cuestiones éticas complejas que invitan a la reflexión.
Melodrama tópico y previsible, la corrección excesiva que envuelve las imágenes recurre a un ternurismo cargante que solo genera antipatía hacia el niño protagonista.
Un relato complejo e intenso que, a medida que avanza, se torna más intrincado y abrumador. Lo peor es la falta de una perspectiva más incisiva que trascienda la corrección convencional.
Realismo atronador. La riqueza visual es impresionante y la reconstrucción de las múltiples acciones paralelas del combate alcanza cotas insólitas de intensidad, pero un espectáculo de este tipo se sostiene a duras penas si, como aquí, no cuenta con asideros dramáticos suficientemente personalizados.
La película se divide en dos segmentos completamente diferentes: uno descriptivo y otro que se asemeja más a un thriller. Lo más destacado es el cautivador desempeño de Tilda Swinton.
Un relato predecible pero amable, bienintencionado y edificante. Un mosaico de corrección que a menudo cae en la cursilería. Su principal valor radica en la calidad de sus intérpretes.
Las gracias escatológicas se alternan con una insoportable cursilería de corte televisivo, lo que revela una falta de ingenio, incluso en las parodias más simples, que se resuelven de manera burda y poco original.