No va prácticamente de nada, tan sólo es un juego escatológico de un director con poco o nada que contar o el retrato de un personaje tan estúpido como diagnostica el propio título.
Charuel se aventura en varios géneros para infundir emoción y tensión en los rincones de este drama, con un espíritu crepuscular que permea de manera sutil toda la película.
Tontuna canina. Una burda caricatura de un sinfín de películas exitosas, que se regodea en los tópicos y presenta patéticas secuencias de romanticismo canino.
Bellísimo documental. Sus imágenes simples transmiten la emoción de los sentimientos básicos, comunes a todos los seres humanos. Destaca la fascinación hipnótica que surge de los comportamientos cotidianos de estos actores ocasionales.
Alejandro Amenábar deslumbra con su habilidad para manejar sus recursos, mostrando una solvencia ya demostrada y una excelente capacidad para moverse entre diferentes géneros y presupuestos.
Relato planteado como un thriller de misterio que arranca de la mejor manera posible con un elaborado y evocador envoltorio sonoro. Todo es perfecto hasta que el aturdimiento del personaje se contagia al espectador.
El cineasta construye un relato intenso y elegante, lleno de sensibilidad, que se presenta como un drama contundente con intenciones claramente antibelicistas.
Los deslumbrantes paisajes, la omnipresente música almibarada y un guion de brocha gorda no logran capturar adecuadamente la fuerza dramática de la propuesta.
Sobresalen la apabullante ambientación de época y el trabajo deslumbrante de sus protagonistas, con una Carey Mulligan que llena de autenticidad su personaje.
Astracanada gótica. Parodia un puñado de referencias literarias y cinematográficas sin un propósito concreto ni intento alguno de trenzar una verdadera historia.
Bienintencionado, incluso elegante en su puesta en escena, el relato se sustenta en la presencia de sus intérpretes pero quema buena parte de su pólvora en un entramado disperso.
Repleta de imágenes poderosas y sosteniéndose sobre todo en el gran trabajo de un gran reparto, la narración evoluciona hacia terrenos más desgarrados y menos convencionales a medida que avanza.
Con impoluta corrección formal y destellos de lirismo musical, el director levanta un convincente andamiaje dramático, especialmente en la primera mitad.