Estimulante producción cubana que se sustenta, con plena autoconsciencia, sobre las convenciones moralistas del folletín y el deslumbrante trabajo de su reparto.
Asustar, asusta, y las actrices cumplen, pero al conjunto se le ven las costuras. Lo mejor: la atmósfera agobiante. Lo peor: el aroma a pastiche y los últimos giros del guión.
Los sustos, al menos muchos de ellos, son bastante más inteligentes que los de la media en este tipo de productos y quien acepte entrar en el juego de sus convenciones terroríficas, una suma de sobresalto y asco, pasará un rato divertido.
Pizzi se esconde con humildad tras la fuerza de un relato repleto de humanidad que oscila entre la euforia y la resignación, dejando un reguero de elocuentes imágenes inolvidables.
La abundancia redunda en cierta desigualdad tanto en el interés de las distintas historias y su intensidad como en la convicción y credibilidad de sus intérpretes.
El comentario presenta un desequilibrio notable entre los numerosos momentos divertidos, cargados de un humor audaz, y el romanticismo excesivamente sentimental que termina transformando la propuesta en algo opuesto a lo que originalmente prometía.
La ambigüedad como consigna. Lo mejor: El tono provocador y juguetón, junto con las interpretaciones. Lo peor: Resulta algo más desvaída que las obras más inspiradas de este cineasta.
La fluidez narrativa no es el principal mérito de este tardío debut que, por momentos, huele a naftalina. Los tres protagonistas resultan convincentes.
Unos actores inspirados, un humor moderadamente ácido y un arranque esperanzador no alcanzan a sostener un relato alargado hasta el extremo, repetitivo, estancado.
Un guión denso y exuberante, que presenta momentos de innegable ingenio y una inclinación desbordante hacia toda clase de excesos. Sin embargo, también ofrece una variedad de tonos y registros que, en ocasiones, resultan estridentes.
Desplechin combina diversos tonos y registros en un inquietante estallido de humanidad que recuerda a Bergman en 'Fanny y Alexander' y 'Saraband', sin sacrificar su distintiva personalidad.
En los primeros momentos, la simpatía desbordante de la protagonista resulta desconcertante y puede llegar a irritar. La interpretación de Sally Hawkins es generosa, y la mirada distintiva de Leigh termina por hacerse evidente.