A pesar de que el espectáculo es de nivel, se está ante un producto excesivamente cerebral y precocinado que, paradójicamente, mejora al anterior pero carece de su frescura y su espontaneidad.
Tres historias paralelas, de las cuales dos ofrecen un entretenimiento extraordinario, mientras que la tercera resulta ser una previsible y conservadora oda a la ñoñería. Desafortunadamente, esta última es la que sostiene el peso del filme.
Como película de aventuras, funciona a la perfección. Sin embargo, las secciones más intimistas y dramáticas no solo fallan, sino que en ocasiones resultan casi ridículas, convirtiéndose en un lastre para la historia.
Con la ñoñería, la cursilería y la inanidad por bandera, 'El viaje de Arlo' es una suerte de remake conjunto de 'En busca del valle encantado' y 'El libro de la selva'. Además de ser ñoña, resulta aburrida.
La película más espectacular de su filmografía proporciona 107 minutos de disfrute impagable, a lo largo de los cuales no molestan ni siquiera las dichosas gafitas del 3D.
Antología de lugares comunes. Hay que reconocerle cierta habilidad en la puesta en escena y en el montaje que permiten que la narración discurra con fluidez y sin aburrir. Otra cosa es que dé asquito.
Llena de melancolía, como todo viaje iniciático que se precie, la película es una montaña rusa. Los momentos más brillantes están marcados por la actuación de un Steve Buscemi avejentado y repugnantemente encantador.
Las bellísimas e impactantes imágenes aéreas de las águilas tienen un poder tan impresionante que eclipsan la historia misma, dejando al espectador con el deseo de que la película completa hubiera sido un documental.
Responde a los parámetros del cine de Gerardo Olivares, pero carece del equilibrio que caracterizaba a sus trabajos previos. La película no termina de funcionar del todo, principalmente porque el guion aborda demasiados temas a la vez.
La parte casi documental supera al resto de la película; al final, las loables intenciones del filme resultan más interesantes que el propio resultado.
¿Quién podía imaginar que Melissa McCarthy ocultaba una notable vena dramática como la que luce? Ése es, sin duda, el principal aliciente de una película que tiene otros cuantos.
Lo peor que le puede pasar a una película cuyo objetivo primordial es emocionar y conmover es no ser capaz de provocar otra cosa que indiferencia. Y eso es lo que le sucede.
Freyne utiliza los clichés característicos de las comedias románticas adolescentes estadounidenses para subvertirlos, reconfigurando completamente el género y aportando una perspectiva novedosa.
Una simpática producción, pequeñita y modesta, rodada con un inteligente minimalismo que concede todo el protagonismo a los citados diálogos y a las tres actrices superlativas.