Un soplo de aire fresco en el cine, con una comedia divertida e inteligente. Los diálogos son chispeantes, ágiles y muy naturales, lo que aporta frescura a la historia.
A pesar de no ser una obra maestra y seguir los mismos patrones y clichés de siempre, esta película se sitúa por encima de la media del género. Ofrece numerosos momentos entretenidos que logran captar la atención del espectador.
Libérrimo remake no declarado de la magnífica 'Tras el corazón verde', Andy Tennant intenta aprovechar los mismos elementos que el filme de Zemeckis, pero el resultado es desastroso.
La película comienza de manera explosiva, pero tras el primer tercio pierde su impulso. Es notable cómo Martínez-Lázaro logra exprimir el potencial de los personajes secundarios, quienes ofrecen los momentos más memorables.
Brizzi mantiene un ritmo constante a lo largo de la película, equilibrando de manera efectiva el desarrollo de los personajes con momentos de risa y melancolía. Las actuaciones son sobresalientes.
La trama es monótona y todo se presenta de forma evidente, hasta llegar al desgaste. Los personajes y sus historias carecen de atractivo, y el final resulta ser realmente lamentable.
Esta comedia indie es única y refrescante, destacándose por sus diálogos mordaces y políticamente incorrectos que reflejan la realidad de manera auténtica. Sin embargo, el desenlace resulta algo confuso y genera una sensación agridulce.
Una serie compuesta por episodios que carecen de conexión entre sí. El mensaje sobre la paz y la unidad entre naciones resulta ser de una ingenuidad desbordante.
Ed Harris destaca de manera impresionante en su actuación, de tal manera que su ausencia hace que la película pierda ritmo y se vuelva tediosa. Además, el guión carece de originalidad, ya que recicla elementos de los grandes clásicos del género.
La película se siente tediosa. Los diálogos resultan poco naturales, la dirección es fría y excesivamente teatral, y el elenco, aunque talentoso, no logra brillar en este contexto.
Memez pseudotranscendental. Los diálogos generan vergüenza, el elenco ofrece una actuación sin emoción, y la dirección es exagerada, recargada y faltante de coherencia.
Fresca y sumamente entretenida, es un placer ver cómo Bohringer y Rebbot se esfuerzan por disfrutar y hacer disfrutar al público, en un notable ejercicio de complicidad y conexión.