La historia atrapa y conmueve, con personajes bien diseñados y mejor interpretados. Sin embargo, el uso constante de flashbacks explicativos se vuelve algo cansino.
Arranca con un marcado tono de parodia repleta de paradojas pero, a medida que transcurre el metraje, ese tono se torna cada vez más solemne, serio y trascendente, hasta desembocar en un increíble final, delirantemente moralista.
Una sucesión de escenas muy teatrales que rinde homenaje al cine y la literatura de suspense clásico, presentándose de manera casi ininterrumpida. Todos los actores destacan con un desempeño excepcional.
Es extremadamente difícil seguir la trama durante más de dos horas, ya que se presentan una serie de eventos extraños, excéntricos y casi surrealistas que confunden al espectador.
Nos encontramos con un conmovedor ejercicio de nostalgia analógica. Por lo demás, el filme es un recital del histrionismo y la gestualidad propios de su protagonista.
Un impresionante documental que retrata con gran cuidado y precisión las obras de arte, ofreciéndoles un trato casi reverencial. La emoción y devoción que transmite hacia estas pinturas es palpable, haciendo que el espectador se conecte profundamente con ellas.
Un thriller impresionante que se alza como uno de los más destacados del cine español. La calidad de producción es excepcional, comparable a la de las grandes obras de Hollywood.
Trepidante ópera prima. Sin maniqueísmos ni concesiones estéticas, Ladj Ly presenta una crónica angustiosa de una situación extrema que destila autenticidad.
No se trata de una sola película, sino de múltiples relatos independientes entre sí. Dorronsoro transita de una narrativa a otra sin una clara cohesión.
Apuesta mucho más por el melodrama existencial y romántico que por la reivindicación del erotismo. Las escenas eróticas están rodadas de forma excesivamente rutinaria, con cierta desidia.
Una ópera prima que no pasará desapercibida, combinando un thriller erótico y psicológico que desafía las convenciones. Sus aciertos y errores se presentan en proporciones casi equitativas, creando una experiencia provocadora y rompedora.