Anna Muylaert explora nuevamente la complejidad de la relación entre madres e hijos. Las actuaciones en conjunto son destacables, aunque la inclusión de una subtrama de romances adolescentes resulta innecesaria y poco bien manejada.
La primera hora del filme es una auténtica obra maestra, con sesenta minutos que destacan por su intensidad, perturbación y memorabilidad. Además, Jacob Tremblay brilla como uno de los actores infantiles más talentosos que se han visto en la pantalla.
Una película fantástica, en todos los sentidos, y dos horas trepidantes que se consumen en un suspiro. Visualmente, el filme es apabullante, con un desbordante y muy gamberro sentido del humor.
Es más una obra del guionista Richard Curtis que del director Danny Boyle. Se presenta como una encantadora comedia que tiene todo para convertirse en uno de los más grandes éxitos del verano.
Su único objetivo es emocionar y hacer llorar al respetable. Sin embargo, gracias a su cuidado en la producción y a una hermosa selección musical, logra ser un filme entretenido y agradable.
La historia atrapa y conmueve, con personajes bien diseñados y mejor interpretados. Sin embargo, el uso constante de flashbacks explicativos se vuelve algo cansino.
Arranca con un marcado tono de parodia repleta de paradojas pero, a medida que transcurre el metraje, ese tono se torna cada vez más solemne, serio y trascendente, hasta desembocar en un increíble final, delirantemente moralista.
Una sucesión de escenas muy teatrales que rinde homenaje al cine y la literatura de suspense clásico, presentándose de manera casi ininterrumpida. Todos los actores destacan con un desempeño excepcional.
Es extremadamente difícil seguir la trama durante más de dos horas, ya que se presentan una serie de eventos extraños, excéntricos y casi surrealistas que confunden al espectador.
Nos encontramos con un conmovedor ejercicio de nostalgia analógica. Por lo demás, el filme es un recital del histrionismo y la gestualidad propios de su protagonista.
Un impresionante documental que retrata con gran cuidado y precisión las obras de arte, ofreciéndoles un trato casi reverencial. La emoción y devoción que transmite hacia estas pinturas es palpable, haciendo que el espectador se conecte profundamente con ellas.
Un thriller impresionante que se alza como uno de los más destacados del cine español. La calidad de producción es excepcional, comparable a la de las grandes obras de Hollywood.
Trepidante ópera prima. Sin maniqueísmos ni concesiones estéticas, Ladj Ly presenta una crónica angustiosa de una situación extrema que destila autenticidad.
No se trata de una sola película, sino de múltiples relatos independientes entre sí. Dorronsoro transita de una narrativa a otra sin una clara cohesión.